Escribo desde el territorio incómodo donde se cruzan la ironía y la verdad.
Me interesan las vidas que parecen normales hasta que alguien se atreve a contarlas.
Las contradicciones que escondemos para no desentonar.
Las emociones que evitamos porque revelan más de lo que queremos admitir.
Observo el mundo con una mezcla de escepticismo tierno y humor preciso.
Me importa lo que la gente calla más que lo que presume.
Y creo que nuestras rarezas, lejos de ser defectos, son la parte más honesta que tenemos.
Mi norte es simple:
Escribo para darle voz a quienes casi nunca son escuchados.
Y para recordarme —y recordarte— que ser una misma nunca es un error.
“Escribo para darle voz a quienes casi nunca son escuchados.”